Sentarse con el sufrimiento

La Biblia en un año : Deuteronomio 20–22 - Marcos 13:21-37 … ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande (v. 13). La escritura de hoy : Job 2:7-13

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«Papá, me duele la cabeza». «Papá, tengo mucho frío». «Papá, ¿puedes frotarme los pies?».

Fiebre alta, escalofríos y dolores de cuerpo atacaron cruelmente a mi hija adolescente. Quería que la hiciera sentir mejor. Pero, sobre todo, solo quería que estuviera cerca. Finalmente, la llevamos al hospital. «Un virus», nos dijeron. No quedaba más remedio que soportarlo.

Me senté con mi hija enferma durante horas ese día. Frotándole los pies, dándole la medicación, deseando desesperadamente que mejorara. Ocasionalmente, mi lado egoísta se quejaba: Qué difícil es esto. Sin duda es difícil sentarse junto al sufrimiento de alguien y ser testigo de su dolor.

Los amigos de Job también vieron de cerca su sufrimiento. A esos tres hombres se los suele —y con razón— criticar por cómo trataron luego a Job. Pero es fácil olvidar que, al principio, simplemente «se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande» (Job 2:13).

Los amigos de Job nos recuerdan que, cuando un ser querido está sufriendo, lo más importante es nuestra presencia, ya sea que hablemos o no. Su ejemplo nos enseña que, aunque no siempre sepamos qué decir, sentarnos con alguien en su sufrimiento puede ser nuestro mayor regalo.

De:  Holtz Adam

Reflexiona y ora

¿A quién conoces que esté sufriendo?¿Cómo podrías acompañarlo?
Padre, ayúdame a vera quién acompañar en su dolor.