Durante una conferencia, una mujer notó que su amiga —la presentadora del día— no se veía bien. Se acercó a ella, y esta respondió: «Voy a terminar esta presentación. Si no me siento mejor, iré al médico». La mujer no se olvidó de la promesa. Aunque tuvo que irse antes, le pidió a otra amiga que viera cómo seguía.

Por la mañana, alguien llamó a la puerta del hotel de la presentadora. La segunda amiga había ido para llevarla al hospital. No había otra salida, y felizmente le proporcionaron a tiempo tratamientos que le salvaron la vida. Sin duda, la perseverancia de sus amigas ayudó a que no muriera.

Los amigos perseverantes son una bendición, como lo fueron los hombres en Marcos 2. Al parecer, habían oído sobre el poder sanador de Jesús y que Él había llegado a su pueblo (v. 1). La multitud lo rodeaba, y «ya no cabían» en la casa como para llevar a su amigo paralítico hasta Él (v. 2). Sin embargo, no permitieron que eso impidiera que su amigo recibiera la ayuda que necesitaba: «haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico» (v. 4), para que Cristo lo sanara (vv. 11-12).

Llevemos las necesidades de los demás a Jesús mediante la oración perseverante. Y mientras Él provee lo que necesitamos, esforcémonos por amarlos y ayudarlos.

De:  Katara Patton

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha ayudado la fe y la perseverancia de tus amigos? ¿Qué puedes hacer para ayudar a alguien hoy?
Dios, hazme un amigo fiel y perseverante.