«Estoy agradecido a Dios por su bondad», dice la placa, «por permitirme participar en la construcción de esta gran carretera como marco para la magnífica imagen que Él creó». La inscripción se atribuye al ingeniero Samuel Lancaster en 1915, ubicada en un hermoso mirador escénico en la carretera que diseñó, la cual lleva a los viajeros por el impresionante desfiladero del río Columbia, con bosques, cascadas y rocosos acantilados.
Es tentador atribuirnos el mérito de nuestros recursos y logros. ¿Cómo sería, en cambio, considerarlos un humilde «marco» de la obra maestra de Dios? Un ejemplo es cuando Moisés invitó a los israelitas a llevar ofrendas para construir el templo (Éxodo 35:5). «Todos los voluntarios de corazón» contribuyeron con lo que tenían: metales y piedras preciosas, lino, cuero, madera, especias y aceite (vv. 21-28). Estos bienes valiosos se ofrecieron con corazones dispuestos a cumplir lo que Dios había ordenado (v. 29). Algunos artesanos eran especialmente talentosos, pero todos podían aportar algo, como las mujeres que hábilmente hilaban pelo de cabra (v. 26).
Lo más importante entonces, e incluso hoy, es la actitud del corazón del dador: «Tomen de entre sus pertenencias una ofrenda para el Señor» (v. 5 nvi). Así es como usamos mejor nuestros recursos.



