La antigua fotografía de la Segunda Guerra Mundial, tomada fuera de la sede nazi de un pueblo, representa una advertencia para todos. En ella, una mujer bien vestida cruza la calle, un hombre de traje camina por la acera, mientras otro está detenido leyendo una cartelera en la esquina del edificio. Todos parecen ajenos a la enorme bandera que cuelga arriba de la puerta del frente, donde dice: «Al resistir a los judíos, lucho por la obra del Señor».

Este tipo de traición es lo que Dios tenía en mente cuando ordenó: «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano; porque no dará por inocente el Señor al que tomare su nombre en vano» (Éxodo 20:7). Este mandamiento no solo abarca el mal uso de su nombre en insultos o cuando lo gritamos al golpearnos un dedo del pie o de la mano, sino también la perversión de usar su nombre para ocultar el mal.

No debemos suponer que estamos haciendo la obra de Dios simplemente porque otros lo digan. Debemos evaluar en oración que nuestras acciones sean acordes a lo que Él revela en la Biblia. ¿Cómo sabemos que le servimos? El Salmo 119:9 dice: «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra». El Dios que nos manda «[crecer] en la obra del Señor siempre» nos ha dicho en su santo libro qué es esa obra (1 Corintios 15:58). Escuchémoslo.

De:  Mike Wittmer

Reflexiona y ora

¿Qué obra has hecho en el nombre de Dios? ¿Cómo sabes que es lo que Dios quería?
Padre, que respete tu nombre siempre.