Owen estaba de vacaciones en el extranjero cuando recibió un inquietante mensaje de un colega: «El jefe está buscando reemplazarte». Profundamente afectado, una mañana oró al amanecer y le preguntó a Dios: «¿Dónde estás?». Luego, se acercó a la ventana para abrir las cortinas… allí vio un enorme y hermoso arcoíris suspendido sobre el lago. De inmediato, lo envolvió un cálido consuelo. «Fue como si Dios simplemente me dijera: “Tranquilo, aquí estoy”», recordó más tarde.
En Génesis 9, Dios prometió no volver a destruir la tierra con un diluvio: «Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente» (v. 16). Este pacto era eterno e incondicional. Dependía completamente de la protección y la provisión de Dios, no del desempeño de la humanidad. Y fue solo la primera de muchas promesas que Dios le haría a su pueblo. Jesús también dijo: «yo estoy con vosotros todos los días» (Mateo 28:20).
Dios no promete que no sufriremos, pero sí nos garantiza su consuelo constante y su presencia. Tal vez no recibamos «respuestas con el arcoíris», pero Él nos ha asegurado que, pase lo que pase en la vida, siempre está con nosotros y podemos apoyarnos en su fortaleza, paz y presencia.



