«Un hombre ha muerto. La vida de otro está en juego», dice el juez en la película Doce hombres en pugna. La evidencia contra el sospechoso parece abrumadora. Pero durante las deliberaciones, se manifiesta la ruptura del jurado. El octavo vota «inocente». Se genera un debate acalorado y salen a la luz las tendencias asesinas y prejuiciosas de todos. Uno a uno, los miembros del jurado cambian su voto a inocente.

Cuando Dios dio instrucciones a la nueva nación de Israel, insistió en la valentía honesta. «[No] responderás en litigio inclinándote a los más para hacer agravios», dijo (Éxodo 23:2). Es interesante que el tribunal no debe «[discriminar] al pobre cuando [pidiera] justicia» (v. 3) ni «[pervertir] el derecho de los pobres» (v. 6, RVC). Dios, el juez justo, desea que seamos íntegros en todos nuestros actos.

En Doce hombres en pugna, el segundo miembro del jurado que votó inocente dice del primero: «No es fácil permanecer firme cuando todos te ridiculizan». Sin embargo, es lo que Dios nos pide. El octavo miembro del jurado vio la evidencia y la humanidad de la persona juzgada. Con la guía del Espíritu, que nosotros también podemos defender la verdad de Dios y abogar por los indefensos.

De: Tim Gustafson